La Meditación en la fase de luna nueva ayuda a disolver el cuerpo de deseos. El cuerpo de deseos es divino, pero solo deberíamos usarlo como la naturaleza o la ley lo permite. Sin deseo nada puede hacerse, porque el deseo es la forma reflejada de la Voluntad. El deseo debería siempre servir para ejecutar Buena Voluntad, en cada camino de la vida. No es posible construir el cuerpo etérico, ( templo del alma) si no se ajusta el cuerpo de deseos. Así es como tenemos que trabajar con la luna nueva y la luna llena.

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LEO Y LA LUZ VERDADERA

Durante el periodo en que el sol está alineado con Leo, tenemos una excelente oportunidad de aumentar nuestro autoconocimiento. Conocerse implica sumergirse y permanecer dentro, hasta que la luz del corazón permea la mente y modifica sus motivaciones, cuando las motivaciones están alineadas con el ser, empezamos a conocer el ser.  Somos espirituales cuando llegamos al momento de nuestro desarrollo, en que tenemos una mirada luminosa. Una mirada luminosa permite ver la luz que encierran las circunstancias y la luz que aguarda revelarse en los demás. Las circunstancias siempre llevaron luz consigo, -tanto las adversas como las favorables-, pero si la mente no se ha asociado a la luz del corazón ( tarea de Leo) no lo vemos.

Para quien tiene la luz de la sabiduría, todo es una oportunidad para mayor luz.

Aumentar nuestra luz, es pasar de los criterios, opiniones y preferencias de la personalidad (que con tanta frecuencia entra en conflicto con el entorno), a los criterios del alma, que no tiene conflicto. Ausencia de conflicto, no es ausencia de dificultades, es esa fluida capacidad de aprender y cambiar, que tiene quien está anclado en su absoluta confianza en la vida. Cuando la confianza en la bondad y sabiduría de la vida está firmemente establecida, el aprendiz siente con Platón que “nada malo puede ocurrirle a un hombre bueno”.

EL BRILLO MUNDANO

Cuando la autodeterminación y voluntad de logro de Leo se expresa a nivel de la personalidad, (como tan frecuentemente ocurre), tenemos opiniones fuertes, deseos que consideramos deben ser satisfechos y necesidad de ser reconocido o incluso, de ser el centro. La literatura de auto ayuda es con frecuencia una programación orientada al logro, al éxito y el brillo en el mundo. Eso tiene un lugar y ciertamente puede ayudar a muchos, pero si no se busca un conocimiento superior, este probablemente acabe por ser una trampa. El desarrollo externo, sin desarrollo interno (virtudes) simplemente no se sostiene.

Es muy frecuente en mi profesión, ver a personas que han tenido todo el éxito a nivel de la personalidad ( dinero, propiedades, viajes, cargos, influencia) y cuando la salud no les permite seguir trabajando o se jubilan, viven hondas depresiones. También es frecuente que en nombre de sus logros, hayan hecho considerable daño en el camino.

Tenemos una sociedad que nos orienta mal: el reconocimiento, la fama, el poder adquisitivo  y ahora con los social media, incluso la imagen y la popularidad, parecen ser los medidores del éxito.  Esa es la brújula con la que se nos propone que nos orientemos.

Cuando solicita consulta psicológica alguien “de éxito”, lo que se ve es:

– un cuadro de ansiedad con ataques de pánico ( y la concomitante constelación de síntomas físicos asociados),

– o un cuadro de irritabilidad con accesos de ira, (que le generan enorme culpa)

– o si el cuadro es muy avanzado, agotamiento y depresión.

¿Que ha ocurrido? ¿Porque si lograron sobresalir en su carrera como políticos, o en la administración, y tienen sueldos impresionantes de por vida, se sienten miserables? ¿Porque si son empresarios dueños de su negocio, que pueden fijar ellos el cuando y que tan largo de sus vacaciones, pueden elegir sus clientes y proveedores, no tienen libertad sino que son esclavos de la ansiedad, del insomnio, de la tensión?

Lo que ha ocurrido es muy sencillo: hay disociación. La salud psicológica es sinónimo de integridad. Disociar como uno se siente, de la imagen que uno da,  paga un alto precio. Se nos premia en muchos entornos por la imagen de fuerza, de logro, de autoridad, de poder; pero si ellas son una máscara, mantener la imagen requiere un enorme gasto de energía y el sentimiento interior es de ser un fraude, o de lucha permanente. Si se desarrolla el orgullo como defecto del ego, para “tener razón” seremos capaces de mentir, mentirnos y manipular (seguimos hablando de egos fuertes, no necesariamente de personas nacidas bajo el signo de Leo). Todos estos procesos nos alejan de nuestro centro, son nubes densas que impiden que llegue a la personalidad la luz del alma, la luz del sol. A más nubes, menos claridad para las decisiones futuras.

LA VERDADERA LUZ

No somos la personalidad, somos el alma. Cambiar la visión es posible. Lo que para la personalidad es una pérdida injusta, para el alma puede ser una deuda que se salda.  Lo que para la personalidad es una tarea demasiado dura, para el alma puede ser la necesaria disciplina para templar el instrumento.  Lo que para la personalidad es un deseo no cumplido, visto desde el alma quizás sea un favor que la vida nos hizo, evitándonos un problema o una distracción.

Para la personalidad hay expectativas, deseos, condiciones, juicios y prejuicios nublando la visión e interfiriendo en la relación íntima, con la vida. La lección de Leo durante el período que cada año se nos regala, es vincularnos con la luz del alma, en nuestro corazón. Cuando la luz del alma está presente, la búsqueda egoísta de la felicidad es un sinsentido; la búsqueda egoísta de la paz, es absurda; la búsqueda egoísta del amor, es ignorancia.

Para los aspirantes que se han consagrado con la debida disciplina y han llevado la enseñanza a la acción, los motivos dejan de ser egoístas y la vida deja de ser un conflicto. De ellos se dice “que son cachorros de león”. Para ellos, la buena voluntad es la única acción inteligente, el dar la única riqueza duradera y la vida el verdadero Maestro.

Que aprovechemos la oportunidad de meditación diaria en Leo,

y la luz de nuestro corazón nos permita ver la luz.