Que necesitemos un “Día de la Mujer”, del Niño, de los Animales, un día de la Paz y así, y así… no habla demasiadas maravillas de nuestra cultura. Peor seria cierto, es no tenerlos; peor es estar fracturado y sin muleta. 

Para la forma de ver de un místico, un sabio, un amante de la vida o un poeta, no existe tal cosa como “una mujer” separada de “un hombre”, distinta en la esencia última de él. Así como no existe “el hombre” que en esencia esté separado de “la mujer”. En la física cuántica afirman que la materia se manifiesta alternativamente como onda o partícula. En la visión del alma, el ser se manifiesta alternativamente como hombre o mujer, según las virtudes a desarrollar en una encarnación dada. Llegamos como onda o como partícula, según lo que nos falta, lo que nos sobra, lo que ya hemos experimentado, lo que está en urgente necesidad de ser comprendido y asimilado, para completar la sinfonía. 

Seamos hombres o mujeres, las virtudes de lo femenino deben ser cultivadas en esta cultura hiper Yang, donde la dominación, la sed de poder, la competitividad y la guerra, siguen teniendo lugar. Son femeninas y deseables de ser cultivadas  la paciencia, la calma, la ternura, la empatía, la sensibilidad, la vulnerabilidad. Es femenino nutrir la vida, ser fértil, ser receptivo, incluir lo distinto sin perder la propia identidad. Es femenina la planta cuando se deja nutrir por el sol y es femenino el artista cuando se deja inspirar por el sol interior. 

Si somos mujeres “lo femenino” puede adquirir esplendor, en la belleza que va más allá de la forma externa, la que contempla la palabra amable, el cuidado justo, la delicadeza de hacer lo que es necesario para que el otro crezca con la suavidad del terciopelo y la claridad del día. 

Para nuestros amados hombres “lo femenino” puede adquirir esplendor, en la mansedumbre de la fuerza. Esa otra fuerza, que es digna de admiración y respeto; la que dejó atrás el egocentrismo, la cruel tendencia a dominar y la confusión respecto de lo primitivo. La que se ha purificado y sirve a la vida, la protege si es necesario, con su vida.

No puedo sentir que el “día de la mujer” se refiere sólo a nosotras, se que se refiere a todos; como el “día del niño” necesariamente nos interpela a todos con o sin hijos, con o sin nietos. Como el “día de la Paz”, es los 365 días si vivimos de verdad.  

Desde ese lugar… ¡Feliz día!