Me tomo la libertad de escribiros, suponiendo que lo que les ocurre a muchos de los “soldados” que tengo la fortuna de conocer muy, pero que muy bien, podría estar ocurriendo a los que están del otro lado del mar, en la otra ladera del monte.  

Ahora que todo se recrudece y sabiendo que se mantendrá un tiempo en crisis aguda para que lo crónico se cure para siempre, no podemos tener bajas. Simplemente no salen las cuentas. Sois esenciales, demasiado preciosos para que uno sólo caiga. 

Sois el ejército indispensable, el que no tiene nación, porque abarca todas las naciones. El que no tiene uniforme ni bandera, porque a quien jura lealtad es a La Vida.  La Vida, sólo ella. Siempre ella. 

En vuestro código “leal a la vida”, es el que la cuida. 

El que no da discursos sobre protegerla, sino que de hecho la protege. 

El que es sensible a la necesidad de otros y se alegra de ayudar. 

El que cumple con su trabajo de la mejor forma, no para ser visto, sino porque se ha dado cuenta de que allí reside una forma superior de felicidad. 

En vuestro código,  “leal a la vida” es el que la ama, ve su belleza y cultiva su potencial. 

Sois soldados, si. 

Leales, si. 

Valientes, por supuesto. 

Pero os cansáis, os desgastáis y os llega la duda. 

En la duda surgen tres terribles preguntas… 

¿Es realista la lucha? 

¿Un granito de arena cuenta? 

¿Tiene sentido seguir? 

Es realista la lucha.  No cambiarían las tradiciones crueles, las inercias espantosas de generaciones, sin una lucha titánica. Es lo más realista bajo el cielo. Y lo más noble. 

Un granito de arena jamás es sólo un granito. Todo gesto de bondad genera alivio y produce una onda de bondad visible o invisible.

La tercera… mmm es la pregunta que lleva en si la clave. Cuando os preguntáis “¿tiene sentido seguir?” probad por favor el matiz ¿tiene sentido seguir de esta forma? 

Revisad la forma, la lección que quizás lleva en su seno el cansancio extremo, siempre alude a la forma. Por favor probad preguntas y escuchad en lo profundo del corazón las respuestas. Preguntas como ¿Qué cargas que doy por mías, en realidad no lo son? O siendo más crudos ¿Qué tareas sigo asumiendo, me desgasto y privo a otros de ser más autónomos, más responsables? O revisando el equilibrio preguntad ¿Me cuido?

Sois la sal de la tierra, el faro en la tormenta. No podemos permitirnos ni una baja. Ni una sola. 

Si, definitivamente  “tiene sentido seguir” pero la bondad debe tener toneladas de discernimiento para que vuestra fuerza no se desgaste en cargar con la tarea del egoísta o dar nuevas oportunidades al que no agradece. 

Ojalá todo soldado anónimo de los pasos necesarios para sentir  “mi vida es sagrada”… Como si la verdad que llevaba cien años dormida en la torre, por fin despertara.